lunes, 27 de abril de 2015

PEOR QUE TODOS

Yo traicioné ese sacro lugar que me fuera fijado,
pero gané, yo el peor de todos,
yo, vencedor de tirios y troyanos
que juntaron poder y maledicencia en contra mía.
Impío fui esas veces como los dioses del mal
y di a beber pócimas letales al sediento
y sobras de vieja hiena a quien pedía bocado.
Cobardes todos, que puertas al campo levantaron
para dejarme a solas, a mí solo, ciego de amor,
vuelto un demente
abandonado en las orillas del río de Heráclito.
Lejos, apartado ahora de ese tiempo de matanzas,
veo empozada la sangre en los ojos de mis muertos
y crece mi dolor, crece por ellos.
¿Quién, por qué querrían ser
peor que yo,
el infame, el maligno, el peor que todos?

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